El traumatólogo al que confían sus rodillas los famosos: «El colágeno no regenera el cartílago»

Practica más de mil cirugías al año. Es uno de los traumatólogos más buscados para reparar rodillas dañadas. Algunos de sus pacientes se operan por la mañana y por la tarde ya están en su casa

El traumatólogo al que confían sus rodillas los famosos: «El colágeno no regenera el cartílago»

Practica más de mil cirugías al año. Es uno de los traumatólogos más buscados para reparar rodillas dañadas. Algunos de sus pacientes se operan por la mañana y por la tarde ya están en su casa

Deambular por la unidad de Manuel Leyes en el centro médico quirúrgico Olympia Quironsalud de Madrid es como hacerlo por una suerte de ‘paseo de la fama’. Sus paredes están tapizadas con camisetas de deportistas que se han convertido en leyenda como Zinedine Zidane o con algún recuerdo especial de sus pacientes famosos: la chaquetilla de cocina de Samantha Vallejo-Nágera, el arco de violín de Ara Malekian o una de las guitarras eléctricas de Café Quijano. Siempre enmarcados y acompañados de una frase de agradecimiento por haberles tratado.

—¿Un famoso curado es el mejor marketing para llenar la consulta de un médico?

–Supongo que al paciente le tranquilizará ver que un deportista confía en nosotros. Pero no lo hacemos buscando ninguna publicidad. Todo esto empezó poco a poco. Cuando otros deportistas veían las camisetas de otros empezaron a traernos más recuerdos: un guante, una raqueta, una foto firmada… Es una forma de agradecimiento del paciente. También tengo las tijeras de un peluquero desconocido que me las regaló después de haberlas utilizado toda su vida. Aunque todos estos recuerdos estuviesen escondidos en mi casa me encantaría tenerlos, soy muy mitómano.

—Y como mitómano ¿quién le ha dejado más huella?

—El montañero Carlos Soria. Es excepcional y uno de los deportistas a los que más admiro. Es increíble que a su edad aún tenga ganas de hacer cosas, de subir ‘ochomiles’. Es un ejemplo de ilusión, de ganas de vivir y de todo lo que se puede hacer con una prótesis; hay vida después de ella. También admiro mucho a los gimnastas. Llevo 25 años con la federación de gimnasia y conozco muy bien el esfuerzo y la dedicación que requiere un deporte con tan poca visibilidad.

—Su carrera profesional está vinculada a la medicina del deporte, ¿se puede tratar a todos los pacientes como deportistas de élite?

—Tienes que adecuarlo. El deportista profesional tiene todo el tiempo del mundo para preocuparse por su lesión y cuenta con todos los medios tecnológicos y profesionales a su alcance. El resto tiene que seguir con su vida. Por eso estamos tratando de acortar los tiempos de recuperación e ingreso para no alterar la vida de los enfermos. Cuando empecé en cirugía protésica, un paciente necesitaba estar ingresado al menos una semana. Esto se ha ido acortando a un ingreso medio de unos tres días y el paso siguiente es la cirugía ambulatoria aunque en España aún suena raro. En Estados Unidos está habiendo una gran revolución. En la cirugía de deporte casi el 90% de las intervenciones se hacen sin ingreso.

—Usted ha sido el primero en hacer el primer recambio total de rodilla de forma ambulatoria. Su paciente fue operado por la mañana y por la tarde ya estaba en su casa. ¿Cómo fue el proceso?

—Lo hicimos en octubre. Era la primera vez que se hacía en España, pero no en el mundo. En Estados Unidos y otros países europeos lleva tiempo haciéndose. Nuestro primer caso fue muy bien. El paciente no tuvo dolor hasta el tercer día de la cirugía y no hubo complicaciones. Le pusimos una triple anestesia: una epidural, una anestesia local y al terminar la operación un bloqueo sensitivo en el canal de los abductores. Así conseguimos que se pusiera de pie a las 3-4 horas y caminara sin ningún dolor. Luego le dejamos que se vaya a casa con una máquina de criocompresión para que no tuviera ningún dolor en su domicilio. El seguimiento se hizo con videollamada y al tercer día empezamos con la rehabilitación.

«El montañero Carlos Soria es uno de los deportistas a los que más admiro. Es increíble que a los 80 años siga queriendo subir ‘ochomiles’»

—Ahorraría costes al sistema sanitario. ¿Por qué no está la técnica más extendida?

—Lamentablemente, no se puede hacer con todos los pacientes. Se deben tener en cuenta criterios quirúrgicos y médicos. No es una cuestión de edad sino de salud. Los candidatos deben ser personas con pocas enfermedades crónicas o, si existen, que estén controladas. Aún así hay pacientes que prefieren quedarse en el hospital porque tienen miedo al dolor, a lo que pueda pasar en casa. En Estados Unidos los médicos del seguro estadounidense Medicare, por ejemplo, tienen que justificar por qué un paciente con prótesis debe ingresar en el hospital.

—¿Las ventajas son solo económicas?

—No. Te quitas las complicaciones típicas de un ingreso, como las infecciones hospitalarias. Te mueves antes y acabas con el riesgo de trombosis profunda. Además, el paciente está en su entorno familiar y no alteras la logística familiar. Si se extendiera en la sanidad pública se podrían reducir las listas de espera.

—La medicina regenerativa en traumatología empezó a ensayarse en medicina privada utilizando plasma rico en factores de crecimiento. ¿Realmente funciona?

–Se sigue utilizando. Lo que consigues con los factores de crecimiento o con el ácido hialurónico es disminuir el dolor y retrasar un tiempo la implantación de la prótesis. Yo no he visto regeneración del cartílago en mis pacientes, pero sí hay pacientes que notan un alivio temporal.

–¿Y los suplementos que venden en las farmacias? ¿Sirve de algo tomar colágeno?

—Sabemos que no regeneran el cartílago, pero algunos pacientes notan cierto alivio al tomar glucosaminacolágeno… No estoy en contra de que lo tomen porque no es perjudicial, pero es verdad que no es muy predecible. Hay pacientes que mejoran y otros no lo hacen en absoluto. Lo cierto es que cuando el grado de desgaste de la articulación es avanzado, solo queda sustituir la articulación por una prótesis. Hoy han mejorado mucho con respecto a lo que teníamos antes. Se puede recurrir a cirugía robótica que nos ayuda a ser más precisos para implantarla y no nos deja fallar.

—¿Algún día diremos adiós a las prótesis?

—Me gustaría pensar que sí, aunque lo veo lejos. Llevo 30 años dedicado a esto y siempre se habla de ello, pero cada año ponemos más prótesis que el anterior.

—La inteligencia artificial que lo revolucionará casi todo, ¿cómo beneficiará a la cirugía de rodilla?

—Desde luego tendrá impacto. Con los datos que analiza la IA podremos saber cómo han sido los resultados en pacientes similares en función de la alineación que le hayamos dado a la prótesis. Sobre un ‘pool’ enorme de pacientes, sabremos cuál sería la mejor forma de implantar la prótesis o el mejor modelo. Va a ser una gran ayuda, sin duda.

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